martes, 23 de diciembre de 2008

La cara y contracara de Borges


Por: Reinier Sánchez Jacomino.

El Ultraísmo en Buenos Aires fue el anhelo de recabar en un arte absoluto que no dependiese del prestigio infiel de las voces y que durase con la perennidad del idioma como una incertidumbre de hermosuraJorge L. Borges


En cierto rincón del planeta, de cuyo nombre no quiero acordarme, un escritor escribió:

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente…Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar quizás porque lo bueno no es de nadie, ni siquiera del otro sino del lenguaje o de la tradición. Por lo demás yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y solo un instante de mí podrá sobrevivir en el otro… (1)


EL OTRO BORGES

En 1899, hacia el fin del siglo, nació en Argentina Jorge Luis Borges, un hombre que con el paso de los años se ha convertido en el más conocido, alabado y a la vez criticado escritor latinoamericano de todos los tiempos. Significa Jorge Luis uno de esos humanos que provocan cataclismos en su época y luego son venerados como el vivo ejemplo de la sociedad que le tocó vivir. Entre 1914 y 1918 estudió el bachillerato en Ginebra, ciudad que llamaría su segunda patria, allí aprendió el francés, el alemán y perfeccionó su latín.
A principios de la década del veinte se radicó en España donde se relaciona con el movimiento ultraísta incentivado en las tertulias sevillanas del escritor Rafael Cansino Assens.

Regresó Borges a la Argentina cuando tenía 21 años. Fue una época de formación y aprendizaje. Buenos Aires tenía una dimensión diferente a los ojos de este bisoño artista. Lo impresionó esta urbe caótica, más extendida que la discreta Ginebra. Aquello significó un redescubrimiento para el joven. Tal sentir se reflejaría en sus futuros trabajos. En 1921 participó en la fundación de varias publicaciones literarias y filosóficas con un enfoque meramente ultraísta como Prisma (1921-1922), Proa (1922-1926) y Martín Fierro, en las que publicó esporádicamente.
En 1923 salió a la luz su primer poemario Fervor de Buenos Aires, netamente influenciado por la obra de Leopoldo Lugones, después llegarían otros como Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929). De esta época datan sus relaciones con Ricardo Güiraldes, Macedonio Fernández, Alfonso Reyes y Oliverio Girondo. Algunos críticos han llamado a este período de su obra, la etapa de las mitologías de arrabal.

A la hora inevitable, Borges formó parte de la nueva tendencia vanguardista arrasando las bastillas de los prejuicios literarios, imponiendo nuevas ideas estéticas, empleando de manera abusiva cierto tipo de metáfora cósmica y urbana. En esta época desarrolló una pasión por la literatura de cuchilleros, guitarristas y arrabales. Constructor de realidades con aires nacionalistas. De esquinas y recodos humildes, sencillos, en una ciudad que lo absorbió rotundamente.

ULTRAISMO A ULTRANZA

Fui abanderado del Ultraísmo, sentencia Jorge L. Borges.

El Ultraísmo propende a la formación de una mitología emocional y variable. Según sus seguidores, los versos deben excluir la palabrería y las victorias baratas conseguidas mediante el despilfarro de vocablos exóticos.

En 1921, Borges resume en la revista Nosotros, los cuatro linimientos de esta tendencia de vanguardista.
1.- Reducción de la lírica a su electo primordial: la metáfora.
2.- Tachaduras de las frases medianeras, los nexos y los adjetivos inútiles.
3.- Abolición de los trebejos ornamentales, la circunstaciacion, las predicas y la nebulosidad rebuscada.
4.- Síntesis de dos imágenes o más en una, que ensancha su facultad de sugerencia.

En Arrabal, le bastarán cuatro versos para proclamar su fidelidad a la ciudad que crece inorgánica y desaforada.

Esta ciudad que yo creí mi pasado
Es mi porvenir, mi presente;
Los años que he vivido en Europa son ilusorios
Yo estaba (y estaré) en Buenos Aires.

Esta corriente, desarrolla la poesía donde la unidad del poema la da el tema común- intencional y objetivo, sobre el cual versan las imágenes definidoras de sus aspectos parciales. En Amanecer el escritor hace gala de la técnica insípida y simplona del Ultraísmo.

Amanecer

En la honda noche universal
que apenas contradicen los malicientos faroles
una racha perdida
ha ofrecido las calles taciturnas
como presentimiento tembloroso
del amanecer horrible que ronda
igual que una mentira
los arrabales desmantelados del mundo.


Sin embargo posteriormente comienza con una de sus acostumbradas especulaciones filosóficas, legadas de Berkeley, Schopenhauer y Fichte. Estas ideas configuran el tema central de muchos de sus versos en Fervor de Buenos Aires. Muchas de sus “ficciones”, le confieren a esta obra una inquietud metafísica, causa que le impide representar en toda su expresión, la tendencia ultraísta.

Si están ajenas de sustancias las cosas
y si esta numerosa urbe de Buenos Aires
equiparable en complicación a un ejercito
no es más que un sueño
que logran en compartida magia las almas…
O por ejemplo en Caminata:

…Yo soy el único espectador de esta calle
si dejara de verla se moriría…

La ortodoxia ultraísta, repele estas subjetividades en nombre de una realidad creada sobre la base de la palabra. No obstante, Borges se dice y contradice con gran versatilidad y la ironía además de los infantes, al permitirse ciertas libertades y fluctuaciones en sus versos. Se mofa de un movimiento que él mismo representa. No solo incluye sus especulaciones filosóficas sin el menor atisbo de rubor sino que se permite resumir su idea central, en lo que llamo “epílogo”. Es decir, el escritor utiliza este recurso para resumir en él, lo que se quiere decir a pesar de la aparente contradicción con lo precedente, como es el caso de “El jardín botánico”: la estructura verbal esta en función de un pensamiento, sin perjuicio de que las palabras tengan su autonomía. La importancia que Borges concede a sus epílogos es tal, que en Cercanías, objetiva una declaración de principios que niega teóricamente al Ultraísmo:

He nombrado los sitios
donde se desparrama la ternura
y el corazón está consigo mismo.

Según el escritor del Aleph, “Existen dos estéticas: la estética pasiva de los espejos y la estética activa de los prismas. Guiado por la primera, el arte se transforma en una copia de la objetividad del medio ambiente o de la historia psíquica del individuo. Guiado por la segunda, el arte se redime, hace del mundo su instrumento, y forja, más allá de las cárceles espaciales y temporales, su visión personal. (…) Ésta es la estética del Ultra.”(2)

En la década de 1930, producto de una herida en la cabeza, comenzó a perder la visión hasta quedar completamente ciego. Muchos le atribuirán a esta causa, la futura variación que experimenta en el plano de las letras, otros como Víctor Farías, investigador chileno atribuyen el hecho a la oposición entre los dos Borges, al conflicto entre dos edades, entre dos pensamientos.


BORGES:

“…Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso
yo que me figuraba el paraíso
bajo la especie de una biblioteca.”(3)

Con posterioridad renegaría de su literatura arrabalera, entonces se negó a incluir algunos de sus más famosos relatos como El idioma de los argentinos e Inquisiciones, en futuras compilaciones.
Confirma que el espacio entre 1921 y 1928 lo ha dejado en la memoria “el sabor agridulce de la mentira, de una insinceridad particular” (4), en la cual colaboraron la indolencia, las diabluras, el amor propio, la camaradería y quizás el rencor. En 1960 escribe sobre su juventud: “En aquel tiempo, buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha; ahora, las mañanas, el centro y la serenidad” (5).

En este periodo se adentra en el mundo de Shopenhauer y en lo mágico, haciendo juegos con el tiempo y el infinito. Políglota y de una cultura enciclopédica, se interesó por la literatura universal, por la metafísica occidental desde los griegos hasta el positivismo de Russell, y por la teología, no sólo cristiana, sino también hebrea e hindú. Llegan entonces obras de un valor supremo para las letras en América Latina como La Biblioteca de Babel, La Lobería de Babilonia, El jardín de los senderos que se bifurcan e Historia de la Eternidad, entre otros.
En este último libro reseña una novela policial, El acercamiento a Almotasím, atribuida a un autor inventado, Mir Ahadur Ali. Así escribía el premio Cervantes de 1979, amante de la ironía y las declaraciones polémicas. En una entrevista catalogó de “Desvario laborioso y empobrecedor el componer vastos libros; el de explayar en múltiples páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario”. (6)

Su obra resulta exigente con el lector y de no fácil comprensión, debido a la simbología personal del autor, ha despertado la admiración de numerosos escritores y críticos literarios de todo el mundo. Describiendo su producción literaria, el propio Georgi, como le llamaran sus padres, escribió: “No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”. (7). No falto quien afirmara que Jorge Luis, quebró el eje europeo-estadounidense de la hegemonía literaria.

A pesar de los sus múltiples seguidores, Borges tiene detractores que han tratado de mancillar su obra, es el caso de un poema que ha circulado el mundo durante años titulado Instantes. Muchos seguidores del escritor, que van desde Alfonso Guerra a Vicente Molina Foix, han consultado la autenticidad de estos versos. María Kodama, en su incansable cruzada en favor de su marido, ha dado con la verdadera autora del poema, una poetisa norteamericana desconocida hasta entonces, llamada Nadine Stair, que lo publicó en inglés en 1978.

Para algunos resulta incomprensible la filosofía en la poesía, o la poesía en la filosofía. Borges fue ambas cosas, fundiéndolas, porque el enigma está en todo, en el ser en cuanto tal. Su obra nos enfrenta a nuestra ignorancia, a nuestra falta de pasión y a nuestra dejadez mental para urdir pesadillas y sueños que permitan liberarnos de esta realidad hormonal de cifras, horarios, laberintos, tigres e índices. El otro Borges, el perro ciego y oral, nos enfrenta a nuestros inamovibles dogmas y creencias.

El Destino de un escritor no es la fama, ni la gloria póstuma, sino escribir libros expresó el Borges que escribió muchos de gran calidad y por eso no dudo en proclamar al Borges escritor como inocente. Él fue sólo víctima del otro Borges, de ese actor insufrible que desposó a María Kodama, que se atrevió a recibir una condecoración de Pinochet y que jamás tuvo medida para pronunciar las impertinencias más falaces.
El otro Borges el que soñaba con bibliotecas infinitas, laberintos, el que hacía gala de una memoria paquidérmica, el que fue nombrado inspector de aves de corral, el que vivió con su madre toda la vida, fue un individuo tímido que se dejó ganar por el extrovertido y algo gandul sin patria ni ética, ni miedo a no recibir el Nóbel. El verdadero protagonista, recortable y hecho de literatura, siempre supo de su doble, estuvo obsesionado con su presencia al punto tal que no pudo lidiar con algunas capas de la hipocresía intelectual, como hacen o han hecho muchos de sus contemporáneos.

Su ceguera política y moral resulta inexplicable o puede explicarse por esa excesiva sinceridad de la que hizo gala. Lo cierto es que hay un Borges admirable cuando escribe y hay otro despreciable que se codea con dictadores, coquetea con facciones políticas, que siente subrayado desinterés por América Latina y que estuvo siempre dispuesto a expresar sin cortapisa opiniones bastante alejadas del humanismo. Pero contra él no vale ya venganza alguna o como él mismo expresó: "Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón". (8) La propia Kodama confesó en New York que su esposo no fue comprendido porque era una persona de otro siglo. Muchos indígenas suramericanos marcan los árboles. Cada cierto trecho miran hacia atrás para reconocer el camino de regreso. Así también anota Borges en los libros su código de señales. Mira hacia atrás para seguir adelante. Retorna con la memoria.

Jorge Luis, escogió Ginebra para morir en 1986. Con él se escapó también un hombre que rompió las barreras temporales y geográficas. Un símbolo de la literatura universal. No dejó hijos pero si libros, que son como niños. Cuando nacemos, todos los que están a nuestro alrededor ríen y nosotros lloramos; vive tu vida de forma tal que cuando mueras, todos lloren y tú rías. Donde quiera que esté Borges, sé estará riendo. A ese, al tejedor de sueños….

Honor a quien honor merece.

“…Poco a poco voy cediéndolo todo… Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy). Hace años yo trate de librarme de él y pase de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con el infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo que pierdo y todo es del olvido. O del otro.

No se cual de los dos… escribe estas páginas.”(9)
Bibliografía:

Rodonet, Salvador: El Evangelio según Jesucristo. La Habana, 1992, pp.296.

Teitelboim, Volodia: Los dos Borges. Vida, seños, enigmas. Editorial Arte y Literatura. La Habana, 2004, pp.348.

López, Morales: Encuentro con un Destino Sudamericano. Editorial Casa de las América. La Habana, 1971, pp.

Miscelánea. [en línea]. Dos Borges; Carlos Yusti. Disponible: URL: http://www.revistapredios.com/predios16/2b.html.

Entrevistas, diálogos. [en línea] Conversación Jorge Luis Borges; Oswaldo Ferrari [1992]. Disponible: URL: http://usuarios.iponet.es/casinada/27maced2.htm.


Citas Bibliográficas:

(1) Rodonet, Salvador: Texos Narrativo-Literarios en Prosa. La Habana, 1992, p.18.

(2) Manifiesto del Ultra; Textos recobrados, p. 86

(3) Teitelboim, Volodia: Los dos Borges. Vida, seños, enigmas. Editorial Arte y Literatura. La Habana, 2004, p. 171.

(4) Entrevistas, diálogos. [en línea] Conversación Jorge Luis Borges; Oswaldo Ferrari [1992]. Disponible: URL: http://usuarios.iponet.es/casinada/27maced2.htm.

(5) ibídem.

(6) Teitelboim, Volodia: Los dos Borges. Vida, seños, enigmas. Editorial Arte y Literatura. La Habana, 2004, p. 182.

(7) Disponible en: URL: http://www.revistapredios.com/predios16/2b.html.

(8) Teitelboim, Volodia: Los dos Borges. Vida, seños, enigmas. Editorial Arte y Literatura. La Habana, 2004, p.263.

(9) Rodonet, Salvador: Texos Narrativo-Literarios en Prosa. La Habana, 1992, p.18.

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